Entrevista a Juan Luis Badallo


Con más de cuarenta años dedicados a la Enfermería en distintos entornos y niveles asistenciales, Juan Luis Badallo recibe el reconocimiento como Enfermero Destacado del Año 2025 en Valladolid. Profesional, formador y referente en cirugía menor, repasa su trayectoria, los cambios más profundos que ha vivido la profesión y los retos que aún quedan por delante. Desde la atención rural hasta el liderazgo institucional, Badallo ofrece una mirada sincera, crítica y constructiva sobre el presente y el futuro de la Enfermería.

1. Llevas más de cuatro décadas dedicado a la Enfermería, en entornos muy diferentes. ¿Qué recuerdas con más cariño de sus primeros años en la profesión y qué ha cambiado más desde entonces?

Al poco de comenzar elegí el ejercicio en el medio rural, las plazas de APD (Asistencia Pública Domiciliaria). Era un trabajo que hoy no se comprendería: 24/7, a disposición de la población en todo momento y donde la atención sanitaria era lo principal, más bien diría que lo único. Allí descubrí lo que era el trabajo en equipo y que la unión médico-ATS, con un reparto de tareas asistenciales equilibrado, no solo daba satisfacciones profesionales a pesar de la precariedad de medios, sino que repercutía en la atención al paciente. Y era ese resultado lo que realmente motivaba a los profesionales que trabajamos en esas condiciones.

El modelo APD estaba agotado. Exigía además una dependencia total del ATS al médico. Donde no había cuajado esa unión, nuestro trabajo era una pesadilla, como pude comprobar en algún compañero de zona. Por eso la Reforma de la Atención Primaria de 1984, con la llegada de la Consulta de Enfermería, fue tan bien acogida. Por primera vez éramos responsables de nuestras decisiones y eso provocó un cambio radical en quienes elegimos la autonomía profesional.

2. Tu trayectoria formativa es impresionante: grados, másteres, especializaciones… ¿Qué te motiva a seguir estudiando y formándote constantemente?

El componente docente me ha acompañado desde el principio; disfruto con la formación de profesionales de posgrado. Pero es un reto constante en el que no puedes cometer errores, donde tienes que justificar todas tus acciones y respaldarlas con una base científica, justificando los desvíos de la norma, del protocolo o de lo aprendido en la Facultad. Enseñar a adaptar los conocimientos académicos a la realidad del día a día exige que tus conocimientos estén, como mínimo, a la altura de quienes formas, máxime en mi campo, que es la parte práctica de la profesión.

3. Ha sido presidente del Colegio de Enfermería de Valladolid y ha liderado proyectos en investigación y formación. ¿Qué logros de esa etapa siente que han dejado más huella en la profesión?

La representación de la profesión no es un camino cómodo. Mi llegada anómala al Colegio traía como obligación el desarrollo y aprobación de un nuevo Estatuto, y eso llevó mucho tiempo y dedicación hasta conseguir un texto consensuado. Pero eso no impidió que el equipo que formaba la Junta de Gobierno trabajase sobre los tres puntos básicos que justifican la existencia de los colegios, además de la representación: la formación, la investigación y la defensa legal. Creamos un Aula de Investigación, reforzamos la asistencia legal con la contratación de una abogada experta en temas laborales y continuamos firmando acuerdos de formación con la Fundación y empresas dedicadas a la preparación de oposiciones, emergencias o universidades para facilitar el acceso al grado o a los másteres.

4. Actualmente presides la Sociedad Española de Cirugía Menor (SECiMe). ¿Cómo ha evolucionado esta área de la práctica enfermera y qué oportunidades ofrece hoy a los profesionales?

En los últimos 10 años todas las actividades de carácter práctico están siendo muy demandadas. Durante la Diplomatura perdieron horas lectivas en detrimento del campo de los cuidados, y ahora, con el Grado, las especialidades y la práctica avanzada, recuperan terreno. En el campo de la Cirugía Menor, la reserva de esos conocimientos se mantuvo entre los Practicantes y ATS de lo que hoy es la atención primaria. Con la introducción del Programa de Cirugía Menor en la Cartera de Servicios de los Centros de Salud, tuvimos la posibilidad de generalizar y dar cobertura legal a todas las técnicas que realizamos.

Por supuesto, en ocasiones hay resistencias por parte de algunos médicos (cada vez menos) que no entienden que estas técnicas pueden ser realizadas por cualquiera de las dos profesiones. Pero la legislación es clara en este sentido y no deja margen a dudas: es un campo propio, independiente y autónomo.

Lo que sí observamos desde la SECiMe es que el ejercicio es muy desigual en la atención primaria. La mayoría de las enfermeras manejan técnicas de cirugía relacionadas con las curas, muchas las extienden con seguridad a las urgencias, pero solo un reducido número interviene de forma programada otro tipo de lesiones. También es cierto que en la Consulta Programada tenemos excelentes profesionales, pero muy repartidos a lo largo de la geografía. Por eso pusimos en marcha la Sociedad Científica, que no tiene un carácter formativo, sino de aglutinar a todos los que se interesan por esta práctica avanzada.

5. Se dice de usted que no quiere jubilarse… ¿Qué le impulsa a seguir en activo después de tantos años?

Sí, sí que me jubilo. Ha sido un proyecto relacionado con mi máster el que me ha animado a continuar un poco más, pero en breve lo dejaré. Nunca me he considerado un enfermero vocacional, más bien profesional, por eso no creo que me cueste dejar el campo asistencial, ya veremos. Entre los compañeros de mi generación lo vocacional no importaba tanto; estaba muy unido al altruismo y nosotros buscábamos otro tipo de camino para desarrollar la Enfermería. Entiendo que ahora ese concepto vuelve a coger peso, pero yo aún lo tengo en cuarentena como uno de los causantes de las rémoras que lastran el avance legal de la profesión.

5. Para cerrar, y aprovechando su reconocimiento como ‘Enfermero Destacado del Año 2025’, ¿qué consejo le daría hoy a las enfermeras de Castilla y León, tanto a quienes comienzan como a quienes llevan muchos años en la profesión?

Solo tengo uno: que tengan siempre presente una cosa, los años de experiencia… solo dan canas. Acumular tiempo de ejercicio no garantiza una buena praxis, ya que el riesgo del “siempre se ha hecho así” es real. Ahora bien, la compañera que une la experiencia a un conocimiento arraigado en la metodología científica y la actualización se convierte en un valor que enriquece al equipo.

Con los años descubres que no todos tienen que empujar para que la profesión se desarrolle. Siempre hay un grupo de lanza que explora territorios nuevos y que, cuando los presenta como un campo a desarrollar, son los propios compañeros quienes frenan ese avance. Eso provoca frustración y hay gente muy válida que se quema; es un error. Esa prevención por parte de la mayoría es simple prudencia y miedo a lo desconocido. Quien va por delante no debe correr tanto como para dejar a los demás atrás, y el grueso de la profesión que lo sigue debe confiar más en los líderes.

Un ejemplo de esto lo tenemos ahora con el famoso A1 o la prescripción enfermera. ¿Cuántos estaríamos dispuestos a ir a una huelga —como han hecho otros— programada, continuada, efectiva, para obligar a la publicación de un Estatuto Marco que contemple nuestro derecho? ¿O plantarnos hasta que no se publique una nueva Ley del Medicamento que acabe con lo absurdo de las Guías Asistenciales? Si la respuesta es que pocos, se debe a que los que van en avanzada han corrido demasiado y no se han parado a convencer al grueso de la profesión. Solo ellos ven que es importante, y eso no sirve de nada.


Ir al contenido