Enfermeras y sanitarios en la primera línea tras el accidente ferroviario de Adamuz


El accidente ferroviario ocurrido el 18 de enero de 2026 en Adamuz (Córdoba), tras la colisión entre dos trenes de alta velocidad, ha dejado un trágico saldo de decenas de fallecidos y heridos, y ha movilizado a cientos de profesionales sanitarios que se convirtieron en pieza clave de la respuesta a la emergencia. Este suceso, considerado uno de los más graves en la historia reciente del transporte español, no solo ha conmocionado a las familias de las víctimas y a la sociedad en general, sino que también ha expuesto la intensidad emocional y profesional con la que las enfermeras, enfermeros y equipos de urgencias han atendido una tragedia de gran magnitud.

Una emergencia inesperada y la movilización sanitaria

Varios supervivientes han relatado cómo la asistencia médica en los primeros instantes dependió en muchos casos de los sanitarios que por casualidad se encontraban a bordo o cerca del lugar del accidente. Uno de los heridos recordó que, tras el impacto, llegaron ambulancias y “el técnico y el enfermero fueron con los médicos… vendando, limpiando heridas, haciendo lo que hacía falta”. Estas acciones, improvisadas pero decisivas, muestran la capacidad de adaptación y compromiso ético de las enfermeras/os incluso en condiciones extremas.

Respuesta hospitalaria y solidaridad profesional

Mientras los equipos sanitarios actuaban en el lugar del accidente, los hospitales de referencia en Córdoba y otras provincias andaluzas activaron los protocolos de crisis para absorber el flujo de pacientes. En el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, enfermeras y enfermeros, junto con médicos y auxiliares, reorganizaron recursos y espacios para la llegada ininterrumpida de pacientes, muchos con traumas complejos.

Además de las maniobras clínicas, las enfermeras tuvieron un papel crucial en la atención emocional: acompañar a familiares, facilitar la comunicación entre pacientes y allegados, y sostener a quienes estaban en estado de shock. Estas acciones, invisibles para muchos, son parte integral del valor humano que aporta el personal sanitario en situaciones límite.

La respuesta de los servicios de salud ante el accidente también ha sido resaltada por autoridades. El rey Felipe VI destacó públicamente el nivel de respuesta del país ante este accidente, agradeciendo el trabajo del sistema sanitario, de los servicios de emergencia y subrayando la solidaridad desplegada por profesionales y ciudadanos.

Más allá de la tragedia

Este accidente ha puesto de manifiesto que la enfermería no es solo técnica, sino humanidad aplicada en situaciones de crisis. La capacidad para tomar decisiones rápidas, adaptarse a lo imprevisible, ofrecer consuelo y garantizar la dignidad de quienes sufren son componentes inseparables del cuidado en catástrofes. Las experiencias vividas por enfermeras y enfermeros en Adamuz hablan de un impacto emocional profundo, pero también de una vocación inquebrantable, mostrando que su labor es esencial para reconstruir vidas después de la tragedia.


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