Entrevista a Sara Fernández, enfermera del Centro Coordinador de Emergencias Sanitarias


Sara Fernández, vallisoletana, enfermera del Centro Coordinador de Emergencias Sanitarias y escritora bajo el seudónimo S. F. González, combina dos mundos que parecen lejanos pero que conviven de forma natural en su vida. Desde sus inicios sin vocación clara hacia la Enfermería hasta su crecimiento en el ámbito literario, Sara reflexiona sobre la exigencia emocional de su trabajo, la influencia de su experiencia sanitaria en sus novelas de ficción oscura y la relación que mantiene con sus lectores en redes sociales..

Eres enfermera y también escritora, un perfil tan sorprendente como inspirador. ¿De dónde nacen ambas vocaciones y cómo han evolucionado contigo?

En cuanto a la Enfermería, en realidad no soy vocacional. Desde pequeña me interesaba el cuerpo humano y sabía que estudiaría algo sanitario, pero mi idea hasta bien entrado segundo de Bachillerato era hacer Odontología. Al final, por miedo —porque muchos odontólogos acaban emprendiendo y lo veía complicado— cambié de opinión. Una amiga estudiaba Enfermería, me hablaba de ella, y pensé “¿por qué no?”. Dudé, claro, pero hice la PAU y decidí definitivamente que sería Enfermería.

La escritura siempre ha estado conmigo. Siempre he escrito, pero más para mí, hasta que me lancé a publicar mi primer libro con muchísimo miedo: miedo a que gustara, a que no gustara, a no saber cómo funcionaba ese mundo.

En lo profesional, pasé muchos años en la privada porque cuando terminé en 2014 había poco trabajo. La privada me daba estabilidad y me permitía vivir, pagar un alquiler, viajar. Me apalanqué bastante ahí. Luego fui haciendo puntos y, tras años de condiciones duras —he llegado a estar tres años sin vacaciones—, llevo cuatro años en el Centro Coordinador, con estabilidad y un ritmo más sano.

En la escritura he ido evolucionando también: madurar, conocer más autores, ir a ferias, entender mejor el oficio. Escribo cuando puedo, me lo tomo en serio, pero sin obsesionarme. Hay semanas —como esta— que estoy agotadísima y no puedo escribir casi. Creo que lo importante es ese equilibrio entre exigencia y flexibilidad.

Como enfermera del Centro Coordinador de Emergencias Sanitarias, ¿qué es lo que más te motiva de trabajar en un entorno tan exigente, dinámico y decisivo?

Lo que más me motiva es que cada día es distinto. No es monótono en absoluto. Puedes recibir una llamada por un accidente terrible, un infarto o un simple esguince. Es muy dinámico.

Y algo que me gusta mucho —y que también me pasaba en Urgencias— es que no te lo llevas a casa. En el hospital, cuando estás en una planta, sigues con los mismos pacientes y algunas cosas te las llevas contigo. Aquí no. Aquí descuelgas el teléfono, atiendes, haces el seguimiento… pero cuando sales por la puerta, se acabó. Lo que quede lo continúa el siguiente turno.

Es un trabajo duro mentalmente, pero aun así lo más agotador para mí no es el estrés, sino el ruido: somos muchos en una sala y es normal, pero desgasta. Aun así, el poder desconectar al salir para mí es fundamental.

En un ámbito donde se afrontan situaciones críticas a diario, ¿cómo cuida una enfermera de su propio bienestar emocional y equilibrio personal?

Depende de la experiencia y del tiempo que lleves. Yo ahora, tras cuatro años, afronto las cosas de manera muy distinta a cuando empecé. Aprendes a triar mejor, desarrollas un “tercer ojo”, incluso por la voz reconoces ciertas cosas.

Pero también influye cómo llegues tú. Yo he tenido que coger bajas por ansiedad, no por el trabajo en sí, sino porque mi situación personal no me permitía afrontar bien un trabajo que ya de por sí exige mucho. Tienes que partir de una base emocional tolerable, porque si te pilla un turno de esos terribles, lo pasas mal.

En situaciones críticas intento mantener la calma. En una parada, por ejemplo, lo visualizo casi como si fuera una secuencia con muñecos. Intento despersonalizar un poco para no ponerme nerviosa. Luego, claro, eres consciente de que hay una persona y una familia detrás, pero en ese momento es una cuestión de supervivencia psicológica para poder atender bien.

Como escritora bajo el seudónimo S. F. González, ¿de qué manera influye tu experiencia sanitaria en tus novelas?

Muchísimo. Mis novelas —aunque sean de ficción y fantasía— son bastante oscuras y mueren muchos personajes. Para describir un ambiente sanitario, como una UCI, me viene muy bien mi experiencia. En mi última novela hay un capítulo con una protagonista ingresada en UCI, y todo ese entorno lo describo gracias a lo que conozco.

Luego hay cosas más delicadas de explicar, pero sí: síntomas, sensaciones físicas, reacciones… incluso aspectos psicológicos. Todo eso me ayuda a darle verosimilitud a escenas críticas o violentas. Y la ambientación hospitalaria, por supuesto.

En redes sociales has creado una comunidad literaria sólida. ¿Cómo gestionas esa visibilidad pública y la relación con tus lectores?

Como puedo. Me gustaría subir más contenido, grabar más vídeos… pero no puedo con todo, intento estar, contestar, gestionar mensajes, pedidos de libros… pero el contenido lo llevo yo sola. Me encantaría subir cosas cada día, pero hay temporadas que no es viable.

Eso sí, respondo a los lectores: cuando me escriben, cuando preguntan por mis libros… eso sí lo hago. Pero mantener un ritmo constante de contenido ya es otra historia. Quiero tomármelo más en serio, pero la vida no siempre te deja.

Has tenido experiencias diversas con el mundo bookstagram. ¿Qué recomendarías a autores que empiezan a colaborar con creadores literarios?

Que no tengan miedo. Que lo intenten. Puede salir bien o no, porque no todos tenemos los mismos medios, recursos u oportunidades. Pero el intentarlo sí depende de uno mismo.

En lo creativo estás expuesto y da miedo: miedo a fracasar, a no gustar, a “haber perdido el tiempo”, porque parece que si algo no tiene un beneficio económico, no vale. Y no es así. Si te gusta pintar, escribir o lo que sea, inténtalo.

Yo soy muy exigente, demasiado. Publiqué tarde por miedo. Cambié de carrera por miedo. Y en redes me comparo con gente que sube contenido continuamente, y pienso “yo no llego”. Y eso es un error. Hay que intentarlo, dentro de las posibilidades de cada uno, sin obsesionarse.

¿Qué mensaje transmitirías a los jóvenes que diseñan su futuro profesional y sienten que tienen talentos distintos entre sí?

Que lo intenten y que no tengan miedo. Que pongan de su parte, sin obsesionarse, y que entiendan que si algo no sale, tampoco pasa nada. Igual lo intentas, no funciona y lo dejas. Pero habrás tenido la experiencia y habrás hecho algo que te gusta. Creo que deben quedarse con eso.


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