Entrevista a Eva Varona Callejo, enfermera especialista en Salud Mental


Eva María Varona Callejo, enfermera especialista en Salud Mental en Fundación Hospitalarias Palencia, participará como ponente en la IV Jornada Invescol. Con más de tres décadas de experiencia, reivindica el papel esencial de la enfermería en la detección precoz del riesgo suicida y en el acompañamiento terapéutico. Además, destaca el papel de Palencia como referente gracias a centros como Fundación Hospitalarias Palencia y el Centro Asistencial San Juan de Dios.

Como enfermera especialista en Salud Mental y con una trayectoria larga en un ámbito tan sensible, ¿qué le llevó a especializarse en este campo y qué es lo que más le motiva de su labor diaria?

Desde que empecé la carrera de Enfermería, la asignatura de Psiquiatría me atrapó desde el primer día. Era la clase a la que nunca faltaba, donde me mantenía súper atenta, y aún conservo aquel libro lleno de apuntes, pese a que han pasado ya casi 30 años. Muy pronto comprendí que la salud mental y el sufrimiento emocional que experimentan muchas personas requieren profesionales muy bien preparados y también muy sensibles.

Siempre he sentido la necesidad de acompañar a personas vulnerables, de sostener, escuchar y caminar junto a ellas. Ver pequeños avances en su día a día es algo que me sigue motivando profundamente. Continúo viviendo mi profesión con la misma vocación que el primer día, orgullosa de ser enfermera especialista en Salud Mental.

En los últimos años han aumentado las conductas autolesivas y los intentos de suicidio. Desde su perspectiva clínica, ¿cuáles son los primeros signos que las enfermeras deberían identificar con mayor urgencia?

Es fundamental estar atentas a señales de alerta como cambios bruscos en el estado de ánimo, aislamiento social, expresiones de desesperanza o pérdida de sentido vital. Frases como “no puedo más” o “todo sería mejor sin mí” deben encender todas nuestras alarmas.

También debemos fijarnos en cambios conductuales, abandono del autocuidado, conductas de riesgo o despedidas encubiertas. Nuestro papel es clave: escuchamos activamente, sin juicio, y toda esa información es esencial para trasladarla al equipo terapéutico y actuar de forma temprana.

La Jornada Invescol nace con la intención de convertir Palencia en un referente en salud mental, investigación y prevención del suicidio. ¿Qué cree que puede aportar este encuentro a las enfermeras de Castilla y León y al desarrollo de la investigación enfermera?

Estos encuentros son fundamentales porque generan conocimiento compartido. Reúnen a profesionales que aportan visiones distintas y enriquecedoras, hacen muy visible el papel de la enfermería y favorecen la creación de redes profesionales.

Para Castilla y León, y especialmente para Palencia, supone un impulso decisivo a la investigación enfermera, un ámbito que en salud mental necesita todavía más desarrollo y apoyo.

Además, Palencia es una ciudad que ya es referente en este campo gracias a dos centros muy consolidados: Fundación Hospitalarias Palencia, donde trabajo, y el Centro Asistencial San Juan de Dios, ambos con una trayectoria clave en la atención y el acompañamiento en salud mental.

Uno de los ejes del evento es la necesidad de incorporar más especialistas en Salud Mental en los equipos. ¿Qué impacto tiene esta figura en la detección precoz y en el acompañamiento a pacientes con riesgo suicida?

La enfermera especialista en Salud Mental cuenta con una formación específica que permite identificar factores de riesgo, intervenir de forma precoz y establecer un vínculo terapéutico sólido. En situaciones de riesgo suicida, ese vínculo marca una diferencia enorme: no sólo detectamos antes, sino que acompañamos mejor, con herramientas clínicas, habilidades comunicativas y una continuidad asistencial imprescindible.

Invertir en especialistas no es una opción es una necesidad para mejorar los resultados en salud.

Su mesa redonda incorpora testimonios en primera persona. ¿Por qué es importante escuchar estas voces y qué papel desempeñan en la humanización de la atención?

Los testimonios en primera persona ponen rostro y verdad a realidades que muchas veces tratamos desde lo clínico. Escuchar a quienes han sufrido o han superado un problema de salud mental nos ayuda a empatizar y a revisar nuestra práctica.

Son esenciales para humanizar la atención, romper estigmas y recordar algo fundamental: detrás de cada diagnóstico hay una persona con una historia, emociones y necesidades únicas. Eso nunca debe olvidarse.

Aunque se habla mucho de la salud mental de la población, a menudo se olvida la de los propios profesionales. Desde su experiencia, ¿qué necesitan hoy las enfermeras para cuidar también su bienestar emocional?

Lo primero es reconocer la enorme carga emocional que implica nuestro trabajo. Las enfermeras necesitamos espacios seguros donde compartir, expresarnos y elaborar lo que vivimos cada día. Jornadas como Invescol ayudan precisamente a eso.

Pero es imprescindible contar con el apoyo institucional, tener formación en autocuidado y gestión emocional. No podemos sostener a otros si nosotras mismas no estamos sostenidas. Cuidar a quienes cuidan no es un lujo: es una responsabilidad del sistema y de toda la sociedad.


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