“La enfermería me ha llevado a sitios donde no me hubiese imaginado que podía llegar”

Mónica Calderón, enfermera, participa en un proyecto solidario en Perú que combina salud, formación, cooperación y oportunidades para mujeres en situación de vulnerabilidad. A través de la asociación ‘Palentinas por Perú’, impulsa junto a otras profesionales campañas de salud visual, revisiones médicas, formación sanitaria y proyectos de potabilización de agua en Paita. Además, una de las iniciativas desarrolladas en el territorio ha permitido crear una marca, La Revolución de las Personas, cuyos productos elaborados por mujeres peruanas se comercializan en España.
Te has implicado de lleno en un proyecto solidario en Perú. Para quienes no lo conozcan, ¿qué te mueve como enfermera a dedicar tu tiempo y tu energía a este tipo de causas?
Ha sido un viaje personal. Yo tenía una amiga, Vicky Alonso, que es optometrista, con la que viajaba por todo el mundo de una manera diferente: cogíamos la mochila y recorríamos pueblos, por ejemplo, en Camboya. Eso nos dio una visión muy particular de las desigualdades, porque las habíamos visto de primera mano.
Hace cuatro años decidimos que era el momento de participar de alguna manera para intentar igualar un poco este mundo, que da tantos privilegios a unas personas por haber nacido en un sitio y a otras les niega muchas oportunidades.
A través del padre de una amiga conocimos el proyecto de la Misión Regional de Castilla en Paita, Perú. Cenamos un día con el responsable y al día siguiente nos compramos los billetes de avión. Empezamos yendo por nuestra cuenta, por voluntad propia, y este año estamos terminando de formalizar la asociación Palentinas por Perú. Ya es el cuarto año que acudimos y hemos creado un vínculo con los proyectos, con las personas y con el territorio.

¿Qué tipo de trabajo desarrolláis allí?
Todos los años vamos en los meses de octubre y noviembre. Mi compañera dirige una campaña de salud visual: ponemos gafas y mantenemos una recogida continua de gafas usadas que la gente ya no necesita. Algunas se pueden aprovechar y, en otros casos, necesitamos poner lentes nuevas en función de las necesidades de cada persona.
Desde la enfermería hacemos campañas directas de revisiones de salud a las participantes de los proyectos de la Misión Regional de Castilla y a sus familiares. Es un proyecto que lleva muchos años en Latinoamérica y que depende del Obispado de Palencia. Allí tienen programas sociales, de atención a víctimas de violencia de género, de acompañamiento para poner denuncias, de búsqueda de recursos y también programas para personas vulnerables.
Además, hay programas de emprendimiento, porque vieron que una manera real de ayudar a muchas mujeres era darles herramientas para sobrevivir, tener independencia y poder salir de los ciclos de violencia.
También trabajáis en educación sanitaria. ¿Cuál es el papel de la enfermería en ese contexto?
La gente necesita referencias. Necesita personal formado en quien depositar su confianza. Yo siempre defiendo que la enfermería es ese nexo entre la ciencia que nadie entiende y ponerla a disposición de las personas para que la puedan comprender.
Tenemos que adaptar la comunicación y el lenguaje. Enfermería es capaz de coger cien mil artículos científicos complicadísimos y convertirlos en una canción para que un niño entienda por qué tiene que beber agua segura.
Ahora estamos trabajando mucho en una campaña de potabilización de agua en domicilio. Paita es una ciudad de unas 150.000 o 170.000 personas, aunque no está muy claro el censo, porque muchas viven en terrenos ganados al desierto, sin agua ni luz. El agua de la que disponen es poca y en malas condiciones.
Queremos concienciar sobre la importancia de tomar agua tratada para evitar enfermedades, como las enfermedades diarreicas. Aquí no tenemos conciencia de lo que supone tener una diarrea: vas al baño y sigues con tu vida. Allí implica gastar dinero en suero, perder días de trabajo y, si no trabajas, no cobras. No tener agua potable mete a muchas familias en un ciclo de pobreza.
Además del ámbito sanitario, el proyecto también tiene una parte de formación y empleo para mujeres.
Sí. Uno de los proyectos que se desarrollan allí está vinculado a las formaciones de costura. A partir de ese trabajo se ha creado una marca que se llama La Revolución de las Personas, que se comercializa en España a través de Vida Propia.
Se venden bolsos, mochilas y neceseres hechos por estas mujeres. Son productos que se pueden adquirir en vidapropia.com y que permiten que ellas tengan una salida profesional. La idea es que no sea solo una ayuda puntual, sino una oportunidad para que puedan ganarse la vida, tener independencia y construir un futuro diferente.
¿Cómo puede colaborar una enfermera o un enfermero con vosotras?
Hace poquito que somos asociación y vamos a abrir la posibilidad de tener socios, porque las cuotas nos ayudan a financiar los proyectos. Pero también necesitamos enfermeras.
La que quiera venir al terreno va a contar con nuestro acompañamiento. Entiendo que hay mucha gente que no se atreve a dar el paso porque no sabe qué se va a encontrar. Nosotras hemos hecho ese camino. Llevamos cuatro años yendo al mismo sitio y tenemos controlados todos los factores: el viaje, la seguridad, dónde dormir, cómo será el trabajo diario… Todo está muy medido.
Y quien no pueda venir hasta allí también puede ayudarnos asesorándonos. Necesitamos seguir abriendo vías de trabajo, preparar memorias para presentarnos a convocatorias y conseguir financiación. Cualquier enfermera que tenga curiosidad o ganas de empezar a conocer qué es la cooperación internacional tiene aquí las puertas abiertas. Vamos a encontrar algo que se adapte a lo que pueda ofrecer.
¿Qué les dirías a las enfermeras que se plantean participar en proyectos de cooperación, pero no terminan de dar el paso?
Les diría que nosotras ya hemos hecho ese camino y podemos acompañarlas. Muchas de las incógnitas que dan miedo ya las tenemos contestadas: cómo llegar, dónde dormir, cómo financiarlo, cómo será el trabajo diario…
Y luego está la parte personal. Suena a cliché hablar de crecimiento personal, pero es verdad. La autorrealización que sientes al darle a otras personas lo que sabes y ver que es útil es enorme. Aquí las enfermeras hacemos una labor increíble, pero en determinados entornos igual eres lo único que tienen.
Yo he hecho revisiones a niños de tres o cinco años que nunca habían visto a un médico ni a una enfermera. Hemos detectado patologías y les hemos ayudado a encauzarlas dentro del sistema público peruano. Compartir lo que sabemos es muy importante, porque las enfermeras españolas tenemos una formación envidiable y podemos ponerla al servicio de quienes más lo necesitan.
Cambiando de tema, también has sido reivindicativa con la situación de la enfermería en España. Desde tu experiencia, ¿cómo describirías el momento actual de la profesión, especialmente en el entorno rural?
Creo que las condiciones laborales siguen siendo parecidas a las de cuando terminé hace 25 años, pero los jóvenes de ahora tienen más coraje o menos disposición a aceptar situaciones de inestabilidad como las que hemos vivido muchas durante años: tres días aquí, dos allí, sin saber si vas a tener contrato o dónde vas a estar.
Esa inestabilidad laboral está haciendo que muchas personas abandonen una profesión maravillosa. Por mucho que te guste, si no tienes asegurado un sueldo continuo o no sabes dónde vas a trabajar, es muy difícil estabilizarte, formar una familia o construir un proyecto de vida.
En Atención Primaria rural, además, hay situaciones que deberían revisarse. Usamos nuestro coche personal, nos pagan muy poco por los kilómetros y eso no cubre el desgaste, el seguro, las ruedas, el cambio de aceite… Y si tienes un accidente, no solo te quedas sin tu coche personal, te quedas también sin tu herramienta de trabajo.
Amo mi trabajo y volvería a elegirlo sin pestañear, pero hay cosas que hay que contar y reivindicar.
A pesar de esas dificultades, ¿qué mensaje trasladarías a quienes están empezando o se plantean estudiar Enfermería?
Yo nunca habría imaginado que desde la enfermería podría liderar un proyecto que llevara ayuda a miles de personas al otro lado del mundo.
Hay muchas formas de ser enfermera. A veces nos dejamos llevar por los clichés: trabajar en una planta, ser funcionaria, tomar tensiones… Pero la enfermería es muchísimo más. Hay enfermeras en aduanas, en plantas petrolíferas, haciendo repatriaciones, liderando proyectos de gestión o de cooperación.
Ser enfermera no es una sola cosa. Hay que explorar la profesión y dar cabida a todas las formas de ejercerla. Yo volvería a elegir esto una y mil veces. La enfermería me ha llevado a sitios donde no me hubiese imaginado que podía llegar.
