
Las temperaturas elevadas pueden agravar enfermedades previas y provocar complicaciones graves en pocas horas. La prevención, la detección precoz y la educación sanitaria convierten a las enfermeras en profesionales esenciales para proteger a la población durante el verano.
El calor extremo se ha convertido en un problema de salud pública que exige anticipación y una atención especial a las personas más vulnerables. Según el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperatura sobre la Salud 2026, entre 2015 y 2025 se estimaron en España 27.564 defunciones atribuibles a las altas temperaturas. La mayor parte se concentró entre las personas mayores de 75 años.
Cuando el organismo no consigue regular adecuadamente su temperatura, pueden aparecer deshidratación, calambres, agotamiento e incluso un golpe de calor. La Organización Mundial de la Salud advierte de que el calor puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, metabólicas y problemas de salud mental.
- La mirada enfermera marca la diferencia
La enfermería ocupa una posición privilegiada para prevenir las complicaciones relacionadas con el calor. En Atención Primaria, hospitales, residencias, centros sociosanitarios, servicios de emergencias o atención domiciliaria, las enfermeras y enfermeros mantienen un contacto directo y continuado con las personas que presentan una mayor vulnerabilidad.
Su labor comienza antes de que aparezcan los síntomas. Identificar factores de riesgo, valorar el estado de hidratación, conocer las condiciones de la vivienda, detectar situaciones de aislamiento y ofrecer recomendaciones adaptadas a cada paciente puede evitar que un episodio de calor termine convirtiéndose en una urgencia.
También resulta importante prestar atención a las personas con enfermedades crónicas o sometidas a determinados tratamientos. Algunos medicamentos pueden influir en la hidratación o en la capacidad del organismo para regular su temperatura.
Esto no significa que los tratamientos deban suspenderse o modificarse por iniciativa propia. Ante cualquier duda, debe consultarse con un profesional sanitario.
- El calor no afecta a todas las personas por igual
Aunque cualquier persona puede sufrir las consecuencias de las altas temperaturas, el riesgo aumenta en determinados grupos.
Entre ellos se encuentran las personas mayores, especialmente aquellas que viven solas; los bebés y menores de cuatro años; las mujeres embarazadas; las personas con enfermedades crónicas, demencias o dificultades de movilidad; y quienes no pueden expresar correctamente que tienen sed o malestar.
También presentan un mayor riesgo las personas que trabajan al aire libre o en espacios con temperaturas elevadas, quienes realizan esfuerzos físicos intensos y quienes viven en viviendas difíciles de refrigerar.
La prevención, por tanto, no puede limitarse a ofrecer consejos generales. Es necesario conocer las circunstancias personales, sociales y ambientales de cada paciente. Una llamada de seguimiento, una visita domiciliaria o una conversación con familiares y cuidadores pueden resultar determinantes.
- Prevenir antes de que aparezcan los síntomas
Las recomendaciones básicas son sencillas, pero deben repetirse y adaptarse a cada situación. Sacyl recomienda beber agua con frecuencia, permanecer en lugares frescos, evitar la actividad física durante las horas de más calor y utilizar ropa ligera.
También conviene mantener las persianas bajadas cuando la temperatura exterior sea elevada, ventilar la vivienda durante las horas más frescas y prestar atención a la correcta conservación de los alimentos y los medicamentos.
En el caso de las personas vulnerables, no basta con dejar agua a su alcance. Es necesario comprobar que beben, que pueden acceder a una zona fresca y que comprenden las recomendaciones.
El seguimiento activo cobra especial relevancia cuando existen problemas cognitivos, dependencia o aislamiento social.
- Reconocer las señales de alarma
Mareos, debilidad intensa, dolor de cabeza, náuseas, calambres, sed excesiva o un cansancio inusual pueden indicar que el organismo está empezando a sufrir los efectos del calor.
Ante estos síntomas, la persona debe trasladarse a un lugar fresco, descansar, refrescarse y beber agua si está consciente. Si no mejora o su estado empeora, debe solicitarse asistencia sanitaria. La confusión, la alteración del nivel de conciencia, el desmayo, la piel muy caliente o el empeoramiento rápido pueden ser señales de un golpe de calor, una emergencia potencialmente mortal.
Ante estos signos, Sacyl aconseja llamar inmediatamente al 112, trasladar a la persona a un lugar fresco e iniciar medidas de enfriamiento mientras llega la ayuda sanitaria. Nunca deben ofrecerse líquidos a una persona inconsciente.
- Cuidar también a quienes cuidan
Las enfermeras también pueden estar expuestas a los efectos del calor durante su jornada laboral, especialmente en servicios con una elevada carga asistencial, en desplazamientos domiciliarios o en espacios poco climatizados. Mantener una hidratación adecuada, realizar pausas cuando sea posible y reconocer los primeros síntomas de agotamiento son medidas esenciales para proteger la propia salud.
Cuidarse no es un elemento secundario. Es una condición necesaria para prestar una atención segura y de calidad. Cada verano, la información y la prevención pueden salvar vidas. La intervención enfermera permite detectar riesgos que pueden pasar inadvertidos, acompañar a las personas más vulnerables y convertir las recomendaciones generales en cuidados concretos y personalizados.
