¿Por qué las enfermeras españolas siguen marchándose al extranjero?


Cada año miles de enfermeras españolas toman una decisión difícil: hacer las maletas y desarrollar su carrera profesional fuera de España. No se trata únicamente de una cuestión salarial. Detrás de esta realidad hay una combinación de factores que llevan tiempo preocupando a la profesión: contratos temporales, falta de estabilidad, sobrecarga asistencial, escasas oportunidades de desarrollo y dificultades para ejercer con todas las competencias para las que han sido formadas.

Los últimos datos publicados por el Consejo General de Enfermería reflejan que durante 2025 un total de 1.356 enfermeras y enfermeros solicitaron el certificado de buena conducta, el documento que exigen numerosos países para poder ejercer allí. La cifra supone un incremento de casi un 20 % respecto al año anterior y evidencia que la fuga de talento continúa creciendo.

Entre las comunidades autónomas, Castilla y León registró 27 solicitudes durante el pasado año. Aunque la cifra es inferior a la de otros territorios con mayor población, pone de manifiesto que esta realidad también afecta a la Comunidad.

Países como Noruega, Suiza, Irlanda o Estados Unidos continúan siendo algunos de los principales destinos para las enfermeras españolas. Allí encuentran, en muchos casos, mayor estabilidad laboral, mejores condiciones económicas, posibilidades de desarrollo profesional y plantillas más ajustadas a la carga asistencial.

El presidente del Consejo General de Enfermería, Florentino Pérez Raya, insiste en que España cuenta con profesionales altamente cualificados y muy reconocidos internacionalmente, pero advierte de que resulta contradictorio invertir en su formación para que posteriormente desarrollen su carrera en otros sistemas sanitarios.

  • Qué debe cambiar para que las enfermeras quieran quedarse

La respuesta pasa, según coinciden organizaciones profesionales y buena parte del colectivo, por ofrecer empleo estable, reducir la temporalidad, dimensionar adecuadamente las plantillas, favorecer la conciliación y reconocer plenamente el desarrollo profesional y las competencias de la enfermería.

Retener el talento no es solo una cuestión laboral. También es una condición imprescindible para garantizar la calidad asistencial y la sostenibilidad del sistema sanitario en los próximos años. Porque detrás de cada enfermera que se marcha no solo hay un proyecto profesional que cambia de país; también hay una inversión en formación y experiencia que deja de beneficiar a los pacientes de nuestro sistema de salud.


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